En este último tramo del año, la Universidad Nacional de Tucumán muestra su apuesta a las actividades de Extensión.
En algunos casos, como la instalación del hospital clínica de Odontología, el concepto de extensionismo se refuerza con el del aprendizaje, porque el servicio permite que los estudiantes practiquen "en el campo", al tiempo que la comunidad encuentra un nuevo espacio de atención. En otros casos, se apunta a la fórmula "oferta cultural para el bienestar universitario". Es, por ejemplo, el caso de la peña universitaria que se desarrolló la semana pasada en el club Central Córdoba con Raly Barrionuevo y Arbolito (entre otros), y en la que las entradas vendidas no habrían cubierto ni por asomo la inversión.
Al parecer, esta nueva gestión ha encontrado en Central Córdoba un espacio adecuado para sus proyectadas acciones culturales. A propósito, algunas versiones indican que el megaconcierto de fin de año, que ya es un clásico en la oferta cultural de la UNT, se realizaría en el club del empresario Rubén Urueña. Quienes viven la noche juvenil tucumana se preguntan por qué no aprovechar el espacio del Complejo Dickens para la oferta de espectáculos de la UNT; como ese ámbito es de jurisdicción federal, les ofrece a los jóvenes un "bonus track": puede sortear el escollo horario de las 4 AM. Se podrá argumentar que el predio de la ex Quinta no es seguro: en todo caso, se trata de ir más allá del síntoma, y de resolver la raíz, que es la inseguridad en los predio de la UNT.
Otras señales refuerzan esa percepción: una de ellas es la incorporación de un área de producción en la Secretaría de Extensión Universitaria. Sería necio objetar la decisión de la universidad de consolidarse como un actor central en la oferta cultural en la provincia. Sin embargo, cuando un ente oficial como la UNT se instala como "productor cultural", se supone que apuntará a diseñar una grilla de excelencia; lo que no siempre es sinónimo de beneficio económico.
Quizás pensando en esa dirección es que en el anteproyecto de Presupuesto 2011 que diseñó la UNT, y en el que se solicitaban $890 millones para funcionar el año próximo, se argumentó la falta de financiamiento que han sufrido hasta ahora las expandidas áreas de Extensión y de Salud. Si, como ocurrió finalmente, la UNT recibió menos dinero del esperado para funcionar el año próximo ($ 685 millones, sobre un pedido inicial de $ 890 millones) se estima que las autoridades universitarias evaluaron prioridades.
En una Universidad -cualquiera sea- las prioridades están puestas en la docencia y en la investigación, al servicio del aprendizaje de los estudiantes.
Veamos el desglose de necesidades presupuestarias realizado desde el Rectorado para justificar el pedido de $ 890 millones que finalmente no se les otorgó: para casi 5.000 cargos docentes (entre universitarios y preuniversitarios) se pedían alrededor de $ 400 millones. La planta no docente, de 3110 empleados, requeriría casi $ 301 millones. Esa "disfunción" también se observa en el movimiento financiero de la UNT de los años 2009 y 2010 (no exclusivo de esta gestión): en ese lapso, la planta docente tuvo un incremento del 13%; en la no docente, el aumento fue del 31 %.
Hace unos meses, en una sesión del Consejo Superior, el cuerpo decidió por mayoría anular la comisión ad hoc que había sido designada por el anterior Consejo, a los fines de que auditara el gasto de los fondos que la UNT recibe por su participación en YMAD. El argumento fue que esos fondos son debidamente auditados por la Sindicatura General de la Nación (Sigen) y por la Auditoría General de la Nación. Sin embargo, dos consejeros que votaron en disidencia, Virginia Ledesma (Franja Morada) y Víctor Amaya (PJ) fundamentaron su voto en la necesidad de transparentar lo actuado ante la comunidad que los votó.
En tiempos como los que corren, cuando ya circulan nombres de más de un funcionario de la UNT para competir por cargos legislativos (provinciales y municipales), pedir transparencia en la rendición de los fondos con los que cuenta la Universidad Nacional de Tucumán no es un hecho menor. Y ese reclamo de transparencia y de civismo a quienes rigen los destinos de la Universidad se refuerza en estos días. Ayer, las universidades nacionales establecieron duelo por la muerte del militante y estudiante porteño Mariano Ferreyra: una forma de decir que la Universidad también debe dar un mensaje en contra de la violencia que sobrevuela en esta Argentina que parece no terminar nunca de aprender su lección de Historia.